Columbretes.
El resurgir de un ecosistema

Las Islas Columbretes no son más que una serie de islotes y piedras de origen volcánico situados a 30 millas de la costa de Castellón, sin embargo son uno de los enclaves con más alto valor ecológico del Mediterráneo.

La historia de las Columbretes es sin duda de lo más singular: de refugio de piratas a Parque Natural, pasando, entre otros avatares, por servir de diana a la Marina y la Aviación, estos islotes volcánicos son hoy en día un fiel reflejo de la capacidad regenerativa del mar cuando se controla y se regula la actividad humana sobre sus ecosistemas.
L’Illa Grossa, inconfundible por su peculiar forma semicircular propia de su origen volcánico.
Se constituyen en 4 grupos, conocidos por el nombre de la isla mayor de cada uno de ellos: Illa Grossa, la Ferrera, la Foradada y el Carallot. En total, el archipiélago se extiende a lo largo de 3 millas marinas, con un total de 19 hectáreas emergidas, de las cuales 14 corresponden a L'Illa Grossa. Esta isla con una curiosa forma de herradura, resto geológico de los cráteres volcánicos que la modelaron en otro tiempo, con sus 67 metros de altura en la montaña del faro representa la mayor altitud del archipiélago y es la única que ha estado habitada. A pesar de su pequeña extensión y de su relativa lejanía de la costa su historia no puede ser más intensa y variada. Fueron los griegos los primeros que las bautizaron poniéndoles el nombre de Islas Ophiusas, apelativo que los romanos transformaron en Serpentaria y Colubraria aludiendo en todos los casos a lo que se supone era una numerosa
La regulación del parque sólo permite su acceso en barco y el fondeo en los puntos delimitados previo permiso.
presencia de víboras o culebras, hoy totalmente ausentes al parecer por la acción humana.
Desde entonces hasta principios del siglo XIX nadie vivió de forma permanente en ellas siendo visitadas únicamente por pescadores y piratas no siendo colonizadas hasta mediados de este mismo siglo, coincidiendo con la construcción del faro. Fueron las distintas familias que se sucedieron en la labor de mantenimiento de la señal luminosa las que habitaron en
Bancos de corvinas de buen tamaño son uno de los exponentes del grado de conservación de estos fondos
la isla hasta que en 1975, con la automatización del faro, se abandonó definitivamente hasta el asentamiento de los servicios de vigilancia establecidos por la Generalitat Valenciana en 1987 en consecuencia a su declaración como espacio protegido.
Esta azarosa historia ha sido determinante para las poblaciones biológicas que en ellas se ha asentado. La colonización de las
El recubrimiento algar espeso y bien conservado indica la buena salud del ecosistema.
islas con la llegada de los fareros supuso un drástico cambio en el medio hasta esos momentos casi virgen. Se incendia la Grossa para acabar con las serpientes (las últimas fueron vistas en el siglo pasado), se introducen animales domésticos (conejos, cabras, cerdos) y se elimina casi toda la vegetación de arbustos para aprovechar su leña. El último resto de vegetación original se conserva en un pequeño sitio de la Ferrera, donde subsisten unos pocos
Es frecuente encontrar langostas de gran tamaño en grietas y oquedades, hoy ausentes en otros puntos de la costa.
ejemplares de margalló (Chamaerops humilis), llentiscle (Pistacia Lentiscus) y aritjol (Smilac aspera), especies que antiguamente también cubrían la Grossa. A partir del abandono de las islas, al automatizarse el faro, la cosa no fue a mejor. Por un lado, los ejercicios de bombardeo por la aviación y la marina y por otro, las visitas incontroladas y la pesca furtiva degradaron aún más el medio haciendo ver a la opinión
Los meros son una constante en las inmersiones de Columbretes.
pública la necesidad de su urgente protección. Las islas son declaradas parque natural por el Consell de la Generalitat Valenciana. Mediante el Decreto 15/1988 de 25 de enero. Desde entonces comienza su recuperación dictándose medidas de protección e instalándose un servicio de guardería el cual tiene como tarea la vigilancia del cumplimiento de la normativa del parque así como las labores de recuperación del medio natural
Para el fotógrafo amante de los peces las Columbretes ofrecen una oportunidad inmejorable.
  (erradicación de especies introducidas, recuperación de la cubierta vegetal, protección de las aves que anidan, etc).

Por fortuna las medidas de protección no se limitan a la superficie terrestre del archipiélago y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación crea, por Orden de 19 de abril de 1990, una reserva marina de más de 4.000 hectáreas de superficie, que hasta ahora es la mayor de España.
Una vez más la naturaleza ha demostrado su magnificencia y estos años de control y regulación de la presión humana sobre las islas están desembocando en una recuperación de su poblamiento vivo que si bien en tierra es notable es en la parte sumergida donde alcanza todo su esplendor.
Hoy los fondos de Columbretes son un magnífico ejemplo del poder de recuperación que el tiene el mar y de lo que nos puede ofrecer si hacemos un uso racional de él.
Bucear en estas aguas es ver un Mediterráneo ya casi inexistente en la mayoría de las áreas de costa donde la degradación progresiva hace que encontrar los meros, corvinas, sargos o lábridos en tal número y tamaño o ver concentraciones de enormes langostas como las que se refugian en grietas y oquedades de las Columbretes, entre otras muchas riquezas biológicas, sea un simple recuerdo del pasado.
Una de los mejores indicadores de que los fondos de las antiguas Colubrarias están recuperando la salud de sus ecosistemas subacuáticos es el exuberante recubrimiento algar de sus rocas expuestas a la luz. Las frágiles algas que lo componen perecen fácilmente ante las agresiones externas, ya sean indirectas, por contaminación, erosión o sedimentación, ya sean directas por fondeos incontrolados y por que no decirlo, por la excesiva concentración de buceadores sobre todo cuando la mayoría de estos no cuentan con la experiencia o el cuidado suficiente.
La recuperación es tal que incluso los pescadores que en principio recelaban de la restricción de la pesca en esta zona son hoy sus principales defensores al darse cuenta de que la vida que allí se genera está repoblando otras zonas vecinas ya en franca regresión y que estaban perdiendo gran parte de su productividad
Habrá quién se queje de la estricta normativa que rige el buceo en estas islas (como la prohibición del buceo con certificaciones de iniciación) pero ese es el precio que hay que pagar por la masificación y la mala gestión de los recursos naturales. Puede resultar incómodo, pero es la única manera de conservar estos ya escasos tesoros y de que al menos cuando nos toque disfrutarlos podamos contemplar toda la inmensa variedad de vida que nuestro Planeta puede ofrecernos y que, aunque tarde y de manera aún muy puntual, algunos estamos aprendiendo a proteger. Esperemos que cunda el ejemplo.

Texto y fotos: Manolo y Sergio Gosálvez